Lo que la vida me enseñó desde pequeña.

 


Hay personas que aprenden porque alguien les enseña. En mi caso, aprendí porque la vida me llevó a observar, experimentar y descubrir las cosas por mí misma.

-Una infancia llena de observación

Desde muy pequeña, mis padres siempre estaban muy ocupados, así que pasaba bastante tiempo sola en casa. Aunque en ese momento no era consciente, esa situación me hizo desarrollar una gran independencia desde una edad muy temprana.

Aprendí observando. Miraba con atención cómo mis padres hacían las tareas del día a día, cómo organizaban la casa o resolvían los pequeños problemas cotidianos. Muchas veces también me quedaba con mi abuela, y verla cocinar, limpiar, hacer la cama o cuidar del hogar se convirtió en una de mis mayores escuelas.

Sin darme cuenta, empecé a hacer todas esas cosas por mi cuenta. No porque alguien me obligara, sino porque sentía curiosidad por aprender y entender cómo funcionaba todo.

-La curiosidad como forma de vida

Si tuviera que definir una de mis mayores cualidades, sería la curiosidad.

Siempre he sido una persona muy observadora. Me gusta descubrir cosas nuevas, aprender habilidades diferentes y entender cómo funcionan las cosas. Esa curiosidad hace que aprender no sea una obligación para mí, sino algo que realmente disfruto.

Creo que esa forma de ser me ha acompañado durante toda mi vida.

-Nunca dejé de probar cosas nuevas

Durante mi etapa escolar participé en muchas actividades extraescolares.

Pasé por natación, clases de flamenco, guitarra española, patinaje artístico sobre ruedas y muchas otras experiencias que me ayudaron a descubrir nuevas habilidades.

Incluso estuve a punto de practicar equitación. Finalmente no pudo ser de esa manera, pero encontré otro camino para aprender a montar a caballo.

Con el tiempo entendí algo muy importante: cuando realmente deseas conseguir algo, siempre existe más de un camino para llegar hasta ello.

La vida puede poner obstáculos, cambiar tus planes o cerrar alguna puerta, pero eso no significa que tengas que renunciar a tu objetivo. Muchas veces simplemente hay que buscar otra forma de alcanzarlo.

-Mi gran pasión hacia los animales

Si hay algo que siempre ha estado presente en mi vida, son los animales.

Mi amor por ellos comenzó desde que era muy pequeña. Durante las vacaciones visitábamos zoológicos, reservas naturales y lugares donde podía observar animales salvajes en su hábitat. Además, en casa siempre convivíamos con alguna mascota: perros, gatos, loritos... Nunca faltó la compañía de un animal.

Crecí rodeada de ellos y aprendí a quererlos como un miembro más de la familia.

-El sueño que marcó mi camino

De pequeña soñaba con ser veterinaria.

Ese sueño nació después de perder a mi primera mascota, un perro que falleció siendo todavía un cachorro. Fue un momento muy duro para mí y me dejó una sensación que nunca he olvidado.

Recuerdo pensar una y otra vez que, si algún día fuera veterinaria, podría ayudar a que otras familias no tuvieran que pasar por ese mismo dolor.

Aunque la vida me ha llevado por otros caminos, ese deseo de cuidar, proteger y salvar animales sigue formando parte de mí. Por eso mi objetivo profesional siempre estará relacionado con su bienestar.

-Aprender también desde una pantalla

Mi pasión por los animales no terminaba cuando salía de casa.

Pasaba horas viendo documentales sobre naturaleza y fauna. Me fascinaban los programas de veterinarios, las series de Discovery Max y espacios como Frank de la Jungla, donde cada episodio despertaba todavía más mi admiración por el mundo animal.

Cada documental, cada historia y cada experiencia reforzaban la idea de que quería dedicar mi vida, de una forma u otra, a ayudar a los animales.

-Una lección que me acompaña siempre

Si algo he aprendido desde mi infancia es que nunca dejamos de aprender.

Cada persona que conocemos, cada experiencia que vivimos y cada obstáculo que superamos nos enseña algo nuevo.

Yo crecí observando, siendo curiosa y buscando alternativas cuando las cosas no salían como esperaba. Y, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que todas esas pequeñas experiencias fueron construyendo la persona que soy hoy.

Todavía me queda mucho por aprender, pero hay algo que tengo claro: mientras conserve la curiosidad y las ganas de seguir creciendo, siempre encontraré un nuevo camino por descubrir.


Lorena García, 23.

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